Qué puede llegar a saber la IA de tu empresa, y cómo lo compruebas.
Todo el mundo te va a enseñar su política de privacidad. Una política es una promesa, y una promesa no se comprueba. Lo que sí se comprueba es una lista: esto es exactamente lo que el asistente puede leer, se decide contigo, y se abre delante de quien pregunte.
Te respondo personalmente en menos de 48 horas en días laborables.
Las empresas que llegan a esta conversación no llegan por el mismo camino. Suele ser uno de estos tres.
El comité pide garantías antes de dar el visto bueno. El proveedor manda un documento de seguridad que explica cómo se cifra la información en tránsito, que no era lo que se estaba preguntando. La pregunta era qué va a poder leer el asistente, y sigue sin contestar, así que la decisión se aplaza otro mes.
No por mala fe, sino porque les ahorra media tarde. Alguien pegó un contrato para que se lo resumieran, otro una lista de clientes para ordenarla. Nadie lleva registro de qué ha salido de casa, y averiguarlo ahora, a toro pasado, no se puede.
La norma europea lo exige desde este mes. Tu asesoría te dice qué tienes que poder demostrar, y hasta ahí llega su trabajo. Cuando se lo trasladas al proveedor de la herramienta, la respuesta vuelve a ser una política de privacidad.
En los tres casos falta lo mismo, y no es un documento más: es una lista de lo que entra, hecha por alguien que entiende tu negocio lo suficiente como para decidir qué entra.
¿Te ves en alguna de las tres? Cuéntamelo y vemos por dónde se empieza en tu caso.
Hablamos →Por qué una lista de lo que entra vale más que una política de privacidad
La conversación habitual sobre datos e inteligencia artificial gira alrededor de qué está prohibido. Es la pregunta equivocada, y haber montado esto enseña por qué.
01La frontera se construye por inclusión, nunca por exclusión
Un filtro de exclusión falla hacia dentro: lo que te olvides de excluir, entra, y no lo nota nadie hasta que sale en una respuesta delante de quien no debía. Una lista de inclusión falla hacia fuera: lo que falta se ve en la primera pregunta que lo necesita, y se arregla añadiéndolo. Los dos sistemas fallan. Solo uno falla de una forma que puedes ver.
02El filtro es código, nunca un modelo
Suena razonable pedirle a la inteligencia artificial que decida qué es confidencial y lo deje fuera. No lo es: para decidirlo tiene que verlo todo primero, y eso es exactamente lo que se quería evitar. Y no vale filtrar solo los casos dudosos, porque los dudosos son precisamente los que no sabes si son privados.
03El canal es la mitad que se olvida
Un perímetro impecable no convierte en privado lo que se entrega por un canal de terceros. La frase cómoda es que tus datos no salen. La honesta es otra: el conjunto de información no sale de tu casa, y las preguntas y las respuestas viajan por el canal que tú elijas. Las dos cosas se deciden por separado y las dos se escriben.
04El asistente vale lo que valen tus informes
No añade información, añade acceso. Puede contestar exactamente lo que hay en su perímetro y ni una cosa más. Por eso el trabajo del proyecto no está en la parte de inteligencia artificial: está en preparar aquello de lo que se alimenta, que son los informes y dashboards que ya tienes, los que se han quedado atrás y los que faltan.
De aquí sale la única afirmación que esta página hace, y es comprobable: el asistente puede llegar a saber exactamente esto, y se demuestra abriendo la carpeta.
Si esta forma de plantear el control de la información encaja con cómo decidís en tu empresa, hablémoslo cuanto antes.
Cuéntame tu caso →Conviene distinguir dos cosas que suelen venderse juntas. La parte de recuperar información está resuelta y es infraestructura. Decidir qué se copia es gobierno del dato, exige entender tu negocio, y es la parte que de verdad cuesta.
Se definen los públicos que van a preguntar, agrupados por derecho de acceso: dirección, comercial, calidad, lo que corresponda en tu casa. A cada rol se le asigna después qué puede leer el asistente. Los usuarios se cuelgan de un rol, que es administración y no cuesta trabajo, así que el coste escala con el número de roles y no con el de personas.
Qué informes, qué dashboards y qué hojas. Se decide contigo, uno a uno, y queda escrito. No hay una lista de prohibiciones que consultar: hay un conjunto cerrado, y todo lo demás está fuera por construcción, sin que nadie tenga que acordarse de excluirlo.
Hay dos formas de poner el modelo: contratando el consumo a un proveedor externo, o instalándolo en tu propia máquina. Las dos corren sobre tu infraestructura y ninguna es la correcta en abstracto. Mi trabajo es poner por escrito qué cambia con cada una, dónde se procesa el dato y qué parte de la promesa depende de esa elección. La decisión, y su riesgo, son tuyos y de tu asesoría.
El resultado no es un documento que haya que creerse. Es una carpeta que se abre, una lista que se lee y un registro de qué se consultó, cuándo y para qué rol. Si alguien de tu comité quiere verificarlo por su cuenta, puede, y ese es exactamente el punto.
El entregable no es un informe de recomendaciones. Es la configuración real de lo que el asistente puede leer, en un formato que alguien de tu casa puede auditar sin depender de mí.
Qué se decide
Las decisiones que hay que tomar antes de que un asistente lea nada de tu empresa, tomadas contigo y no por defecto.
Qué se pone sobre la mesa
Qué roles existen y qué tiene derecho a ver cada uno
Qué informes y dashboards entran en el perímetro de cada rol
Qué información se queda fuera, y por decisión y no por olvido
Con qué frescura se actualiza cada fuente, y a partir de qué retraso hay que avisar
Dónde vive el modelo y qué sale de tu casa por el canal
Qué falta por construir para cubrir las preguntas que de verdad queréis poder hacer
Sobre qué sistema
Sobre el que ya tengas. El perímetro se construye desde informes y dashboards, así que el mecanismo no depende de cuál sea el sistema de gestión que hay debajo.
Lo que puedes enseñar
Cuatro cosas, y ninguna de ellas te pide que confíes en nadie.
El entregable
El inventario del perímetro de cada rol, con el origen de cada fuente
La lista de inclusión, que es el documento que se enseña cuando alguien pregunta
La declaración de qué sale de tu casa y por qué canal, en el formato que tu asesoría necesita
El registro de consultas: qué se leyó, cuándo y para qué rol
Y además
Una prueba de desidentificación, que comprueba de forma automática si en una salida ha sobrevivido algún identificador de los que ya conocemos. Un solo superviviente es un suspenso. Se mide en tu casa y sobre tu material, porque el resultado depende de tus documentos y no de una nota de catálogo.
Hay tres formas habituales de contestar esta pregunta, y conviene saber qué te da cada una. Sobre todo porque dos de ellas suenan a lo mismo y contestan cosas distintas.
| Lo que necesitas | La política de privacidad del proveedor | El filtro de permisos al consultar | La asesoría jurídica | Este trabajo |
|---|---|---|---|---|
| Saber qué puede leer el asistente | Una promesa redactada | Depende de la configuración | No es su objeto | Una lista cerrada que se enseña |
| Poder comprobarlo tú mismo | No | Solo auditando el filtro | No | Sí, abriendo la carpeta |
| Cómo falla el sistema | No se dice | Hacia dentro, y el hueco no se ve | No aplica | Hacia fuera, y se ve enseguida |
| Quién decide qué entra | El proveedor | El administrador del sistema | Nadie | Tú, rol por rol |
| Saber si cumples la norma | No | No | Sí, es su objeto | No, y no lo pretende |
| Qué te llevas por escrito | Un documento legal genérico | Una configuración | Un dictamen | El perímetro, la declaración de canal y el registro |
La asesoría jurídica y este trabajo no compiten, se necesitan. Tu asesoría te dice qué tienes que poder demostrar. Lo que hago yo es construir el sistema de forma que se pueda demostrar. Si te falta una de las dos, la otra no te sirve de mucho.
Implantando sistemas de gestión en empresas medianas. Empecé en Múnich, en el departamento de IT de Epson Europe, y desarrollé una parte fundamental de mi carrera como consultor senior en Exact.
Implantaciones completas, optimizaciones, rescates de proyectos en curso y dirección desde el lado del cliente. Sé cómo se comporta una empresa cuando le cambias una herramienta, que es la mitad del problema.
He construido y opero un asistente sobre mi propio negocio, con dos conjuntos de información separados que el sistema se niega a mezclar. No hablo de perímetros en abstracto, hablo de uno que uso todos los días.
Cuando me contratas trabajas directamente conmigo. Sin gestores de cuenta, sin juniors, sin escalar consultas.
Si necesitas poder contestar qué va a leer la inteligencia artificial de tu empresa, y contestarlo con algo que se enseñe, hablemos.
Cuéntame tu caso →No, y conviene que quede claro desde el principio. Yo no soy tu asesoría jurídica y esta página no es un dictamen. Lo que hago es construir el sistema de forma que puedas demostrar qué datos usa, quién accede a qué y qué sale de tu casa, que es justamente lo que tu asesoría te va a pedir que puedas enseñar. La interpretación de la norma y la validación legal las hace ella.
Depende de dónde pongas el modelo, y es una de las decisiones que se toman en el paso tres. Si contratas el consumo a un proveedor externo, lo que hace ese proveedor con lo que le mandas está en su contrato, y eso se lee y se pone por escrito antes de decidir nada. Si el modelo está instalado en tu máquina, no sale ni la pregunta. En los dos casos, lo que el modelo puede llegar a ver es el perímetro y nada más.
No. El perímetro se construye desde informes, dashboards y hojas, así que da igual de qué sistema salgan. Lo que sí depende de Synergy es la velocidad y el criterio con que se construye ese perímetro cuando tu sistema es Synergy, y eso son veinticinco años dentro de él. Si tienes información en varios sitios, que es lo normal en una empresa mediana, el perímetro puede recogerlos todos.
No, y esto se malinterpreta a menudo. Lo que el proveedor de nube puede llegar a ver es exactamente el perímetro, que es la misma carpeta que se abre para demostrarlo. Misma demostración, distinta frontera. Lo que cambia con la nube no es qué información existe en el sistema, es por dónde viajan las preguntas y las respuestas, y eso se declara por escrito.
Se parecen y no son lo mismo. Casi todo lo que se vende resuelve muy bien la parte de recuperar información, que es infraestructura y está automatizada desde hace tiempo. Lo que casi nadie hace es la parte de decidir qué se copia, porque exige entender tu negocio. Esa es la parte cara y es la que hago yo.
El alcance depende de cuántos roles necesites y de cuántas fuentes haya que incorporar, y eso se sabe después de la primera conversación. Lo que te llevas está en el bloque de arriba: el inventario del perímetro por rol, la lista de inclusión, la declaración de canal y el registro de consultas. El precio se cierra cuando ya sabemos el tamaño real.
Entonces esa es la conversación de verdad, y es mejor tenerla al principio. El asistente puede contestar lo que hay en su perímetro, así que si faltan informes, hay que construirlos, y eso es parte del proyecto. La buena noticia es que ese trabajo te sirve aunque nunca llegues a montar el asistente: un informe que hoy no existe y mañana sí, sirve desde el primer día, lo lea una persona o lo lea la máquina. La mala es que hay que decirlo antes de firmar y no después.
Cuéntame qué información tenéis, quién tendría que poder preguntarle a la inteligencia artificial y qué es lo que no puede salir de casa bajo ningún concepto. Vemos si esto encaja y qué haría falta. Sin compromiso y sin formularios largos.
Cuéntame tu caso →Te respondo personalmente en menos de 48 horas en días laborables. También puedes escribirme directamente o conectar conmigo en LinkedIn.